Nunca nos habríamos conocido, cada uno pertenecía a un extremo del planeta. No teníamos nada en común, bueno, casi nada. Tal vez la edad, o que ninguno era especialmente sociable: inseguridad, aislamiento, cobardía, apatía... sentimientos que todo el mundo tiene en mayor o menor medida, desde luego no eran grandes parecidos. Cosa del destino. Ahora, a mil mundos de distancia de nuestros hogares, inmersos en una dimensión que no era la nuestra, aunque nos gustara, éramos amigos, hermanos, un equipo. Luchábamos por volver a casa, aunque cada día la sintiéramos más lejana y es que, sin darnos cuenta, en nuestros corazones la estábamos olvidando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario